Huellas de Vallejo en Lima

This article, “Las huellas de César Vallejo en Lima” / Acerca de un texto olvidado was published Friday, 17 November 2006, in El Comercio (Lima). The authors are credited at the end.

Uno de los primeros artículos periodísticos publicados por Vallejo fue La intelectualidad de Trujillo (El Comercio de la tarde, 4 de marzo de 1918). El artículo motivó la respuesta de un lector y una casi desconocida réplica del poeta, que ahora se rescata en estas líneas.

Si quisiéramos encontrar razones para explicar el viaje a Lima que César Vallejo realizó a fines de 1917, abandonando en el tercer año sus estudios de Derecho en la Universidad de La Libertad, podríamos recurrir a aquellas mencionadas por su biógrafo, Juan Espejo Asturrizaga. Según él sugiere, el viaje del poeta se debió sobre todo a su problemática relación amorosa con Zoila Rosa Cuadra (Mirtho), que llegó a su fin ese año, así como a las inclementes críticas que sufrían sus poemas por parte de ciertas personalidades trujillanas, y que repercutieron incluso en agresiones físicas.

Habría que añadir a estas, otra razón, también sugerida por Espejo, y posiblemente la más certera: el interés de probar suerte en el movimiento literario de la capital y la intención de publicar su primer libro de versos. No es de extrañar, entonces, que Vallejo -amigo de Víctor Raúl Haya de la Torre y de Alcides Spelucín, quienes en 1917 ya habían probado fortuna en Lima-, haya realizado el contacto con el mundo cultural capitalino casi de inmediato: durante la primera semana de 1918 logra ver publicado su celebre poema “Los heraldos negros” en la revista Mundo Limeño y consigue entrevistarse con Abraham Valdelomar. Muy posiblemente fue el autor de El Caballero Carmelo quien lo presentó a los más importantes periodistas culturales, entre los que se encontraban el joven Mariátegui (El Tiempo), Luis Góngora (La Crónica), Gastón Roger (La Prensa) e incluso Clemente Palma, quienes parecen haberlo acogido con respeto. Los primeros meses de 1918 marcan el comienzo de Vallejo en el periodismo, labor que llegaría a ser su sustento años después, durante su vida en Europa. Así, mientras por un lado enviaba sus primeras crónicas -como la mencionada entrevista a Valdelomar-, al diario trujillano La Reforma, por otro, veía publicadas un par de colaboraciones en periódicos de la capital. El poeta se convertiría, por breve tiempo, en un nexo periodístico entre el mundo literario de Lima y el de Trujillo. Vallejo conoce también a Luis Varela y Orbegoso (Clovis), uno de los redactores de El Comercio, 14 años mayor que él, y con quien mantendría una cortés amistad; de ello es prueba una carta en la que el poeta narra una breve excursión con el periodista, así como la benigna reseña a Los heraldos negros que éste publica en 1919.

Gracias a esta relación, la primera colaboración capitalina de Vallejo se publica en la edición de la tarde de El Comercio, el 4 de marzo de 1918, con el título de “La intelectualidad de Trujillo”. Una nota que describía y elogiaba la obra de Antenor Orrego, José Eulogio Garrido, Víctor Raúl Haya de la Torre y otros poetas y prosistas, compañeros de la llamada Bohemia de Trujillo. La nómina que ofreció el poeta al parecer no fue tan exhaustiva como algunos esperaban, y esto motivó una pronta crítica. Al día siguiente, el mismo diario publicaba una afable réplica firmada con las iniciales C. R. R.: La intelectualidad en Trujillo.

Con este mismo título apareció en la edición de ayer tarde de este diario, un artículo de César A. Vallejo, el poeta rebelde, luchador, fantástico, original, que tan rápida y merecidamente va triunfando día a día. En su aludido artículo hace la silueta artística (permítaseme la frase), de varios de los intelectuales prestigiosos de Trujillo. Su juicio, absolutamente verídico sobre toda esta falange de literatos e intelectuales jóvenes, tiene la sólida y rotunda inamovilidad de lo incontrovertible; pero Vallejo ha olvidado en su reseña, de manera inexplicable, a dos intelectuales, también de reconocida e indisentible importancia: me refiero a Víctor Alejandro Hernández y a Santiago R. Vallejo. Aquí en Lima no se ignora seguramente que es Hernández el poeta exquisitamente delicado, que son sus versos como la cascada cristalina y pura de un surtidor de plata, o como la pálida luz argentada de una noche de plenilunio: es el poeta-alma, un orfebre del verso. Santiago Vallejo, modesto, tesonero, inteligente, que sabe sentir con delicadeza y que es periodista de gran mérito, ya se nos ha revelado en su obra “Del propio sentir”, publicada hace pocos años, y tiene en preparación una novela que llamará “Cuesta Abajo”. Son estas dos personalidades de tanto relieve como las que menciona César A. Vallejo en su citado artículo y creo cumplir un deber de justicia con recordarlas ya que se trata de la intelectualidad de Trujillo. C. R. R.

Pese a ser contemporáneos de Vallejo y haber publicado en la revista Cultura Infantil, también frecuentada por los miembros de la Bohemia, tanto Víctor Hernández como Santiago Vallejo pertenecían a un grupo literario distinto. Sus poemas, de factura tradicional, se adecuaban al gusto decimonónico por la melodía fácil y el adjetivo ornamental, y solían aparecer en el diario El Federal. En cuanto al autor de la réplica, tras las iniciales parece esconderse Carmen Rosa Rivadeneyra, escritora trujillana que frecuentaba los diferentes círculos literarios de Trujillo, pues sus poemas aparecían tanto en El Federal como en La Reforma. Por ello, sus cumplidos hacia Vallejo en esta nota deben ser sinceros y tal vez deban ser leídos sin ironía alguna. Aun así, movido por este cuestionamiento, Vallejo redacta una corta respuesta, amable al principio -probablemente sabía la identidad de su crítica- pero que luego se torna mordaz. Aparece el 7 de marzo, esta vez en La Crónica; la copiamos aquí por extenso ya que se trata de un artículo desconocido, que no está recopilado en sus obras y que ningún crítico cita, a pesar de que contiene el esbozo de una poética: la intelectualidad de Trujillo.

Al comentario a mi artículo de este mismo título de El Comercio del 4 del presente, publicado en la edición matinal de este mismo diario del 5, y cuyo tono de cortesía para mí agradezco, voy a contestar solamente ahora, retardado por ajenos motivos.

Indudablemente, Víctor A. Hernández y Santiago R. Vallejo hicieron una labor literaria muy estimable. Pero yo no me he ocupado sino de los escritores modernos que han renovado completamente el ambiente intelectual de Trujillo en los últimos años y que están en plena producción actual. He tratado sólo de este nuevo brote espiritual que está aún temblando de frescura, de fervor juvenil y de orientaciones artísticas del día.

El espíritu de mi artículo tiene, pues, su marco preciso. En él están sólo los nuevos, los que traen horizontes flamantes desconocidos en Trujillo, donde cierto círculo docente que aún cree que la poesía consiste en escribir “tristura” para conchabar este “ura” con el “ura” de “montura”, pongamos por caso; donde este tinterillaje del arte, en confabulación con sapos y mercachifles, pretendió siempre tergiversar los valores y hacer de la suya, pero que por fin ha cedido ante aquellas energías mozas y fecundas. No es, pues, inexplicable la omisión.

Y si de alguien olvidé es de Felipe Alva, poeta de verdad, conocido en Lima y que también ha luchado heroicamente contra los morosos a toda renovación. Esto es todo.

Debo también hacer presente que mi artículo en cuestión apareció con algunas incorrecciones de sentido, debido a inadvertencias tipográficas, y que, después de todo, no lo comprometen.

César A. Vallejo

El corto descargo revela la conciencia de Vallejo de pertenecer a un grupo de escritores que pretendía modernizar el ambiente literario de Trujillo. Lo que Carmen Rosa Rivadeneyra celebraba en Víctor Hernández y Santiago Vallejo como orfebrería del verso, para él aparecía como “tinterillaje del arte”. El poeta abandonaría pronto el periodismo limeño, quizá porque lo encontraba insustancial, quizá porque era insuficiente como fuente de ingresos. Tras el verano de 1918, la enseñanza escolar vendría a robarle la mayor parte de su tiempo. Así parece sugerirlo también un comentario del escritor Luis Góngora, quien en su reseña de Los heraldos negros, publicada a mediados de 1919, afirmaba que el poeta estaba ya “un tanto desvinculado del movimiento intelectual y del ajetreo literario” de Lima.

Carlos Fernández* y Valentino Gianuzzi**

*Investigador de Estudios Hispánicos en University College, London.
**Editor. Co-traductor de la obra poética de Vallejo al inglés.

Axé.

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